Todo se agota, todo se desgasta, todo se desploma…pero Su gloria, la Gloria del Rey que venció a la muerte, esa gloria permanece para siempre!

Era Domingo y se respiraba popularidad. Una multitud se reclinaba ante el paso de un humilde carpintero montado sobre una mula. Las polvorientas calles de la principal ciudad de Palestina se enderezaban ante el paso del Príncipe de Paz.

Y todo podría haber quedado en eso. Todo podría haber sido parte de la proclamación definitiva de una nueva figura religiosa, militar, cultural, metafísica; la expresión de anhelos generacionales, la manifestación de expectativas reivindicatorias. Pero fue tanto el amor, que superó a la comodidad; fue tanto el amor, que superó a la aclamación del momento y se proyectó en lo eterno.

Se proyectó en la salvación de la generación presente, de generaciones pasadas y de los que vendrían: tu, yo, nuestros hijos y tantos más como Dios el Padre otorgue vida. La corona del cielo fue cambiada por una de espinas; los ramos extendidos entre vítores de ese primer día de la semana fueron reemplazados por clavos, y el trono del universo fue cambiado por una sencilla cruz de madera. Y la gloria terrena ofrecida por el adversario nunca fue suficiente oferta para convencer al Rey de Reyes de abandonar el lugar que el Padre le indicó: una cruz a cambio de una gloria que permanece. Una cruz a cambio de nuestra bendición, de nuestra sanidad y de nuestra justificación.

Todo se agota, todo se desgasta, todo se desploma…pero Su gloria, la Gloria del Rey que venció a la muerte, esa gloria permanece para siempre!

Coméntanos desde FACEBOOK

Comentario(s). Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado.